El sector solidario en Colombia, integrado por cooperativas, fondos de empleados y asociaciones mutuales, dejó de ser un actor marginal del sistema financiero. La economía solidaria representa cerca del 4% del PIB colombiano y reúne a cerca de siete millones de afiliados entre cooperativas, fondos de empleados y mutuales. Hoy es un canal relevante de originación y colocación de crédito, y un motor de inclusión financiera para millones de colombianos.
La importancia del sector solidario en el crédito colombiano
El sector solidario en Colombia ha ganado terreno como alternativa de financiamiento formal. Esto ocurre, sobre todo, en segmentos donde la banca tradicional tiene menor presencia. Entre 2022 y 2025, las cooperativas de ahorro y crédito expandieron su cartera bruta de $16,19 billones a $19,71 billones, un crecimiento acumulado cercano al 22%. Este avance se dio, además, en un entorno de altas tasas de interés y presión inflacionaria.
A febrero de 2026, esa cartera ya alcanzaba los $20,02 billones. Esta cifra confirma al crédito cooperativo como uno de los principales canales de acceso a financiamiento formal para millones de colombianos.
Por otro lado, el comportamiento del sector cooperativo financiero en su conjunto también es relevante. Al cierre de 2025, este sector administró activos por 38,9 billones de pesos, con una cartera de crédito de 30,8 billones y una participación de 3,36% dentro del sistema financiero nacional. Todas estas entidades operan bajo la vigilancia de la Superintendencia de la Economía Solidaria (Supersolidaria).
El sector solidario en Colombia como motor de inclusión financiera
Más allá de las cifras de cartera, el sector solidario cumple un rol de inclusión que la banca tradicional no siempre alcanza. En un país donde la informalidad laboral ronda el 50%, este modelo ocupa espacios donde la banca tradicional no llega. Frente al préstamo informal conocido como «gota a gota», donde pueden aparecer tasas superiores al 20% mensual, las cooperativas ofrecen acceso mediante aportes que oscilan entre 20.000 y 50.000 pesos.
Este alcance se refleja también en el perfil de los asociados. En entidades como Fincomercio, el 93% de sus asociados pertenece a los estratos 1, 2 y 3, y el 75% recibe menos de tres salarios mínimos. Son, precisamente, los segmentos de la población donde la inclusión financiera formal sigue siendo un reto.
El reto de diversificar el crédito cooperativo
Ese crecimiento, sin embargo, no está exento de retos estructurales. La cartera de las cooperativas de ahorro y crédito sigue concentrada mayoritariamente en consumo, con y sin libranza, que en 2025 alcanzaron aproximadamente $4,11 billones y $4,33 billones respectivamente. El microcrédito, en cambio, muestra una tendencia distinta. Pasó de $0,87 billones en 2022 a $1,35 billones en 2025, con más de 105.000 operaciones registradas.
Esta concentración en modalidades de alta rotación plantea una pregunta de fondo para el sector solidario en Colombia: cómo diversificar el portafolio, sin dejar de cumplir su rol de inclusión, y sin asumir un riesgo de cartera que comprometa la sostenibilidad de cada entidad.
Por qué esto importa para las entidades generadoras de crédito (ajustado)
El sector solidario en Colombia demuestra que crédito formal e inclusión financiera pueden crecer juntos. Ese crecimiento, en consecuencia, exige herramientas que permitan escalar la colocación sin deteriorar la cartera.
En FIGARANTIAS acompañamos ese crecimiento desde 2019. Hoy, el 66% de nuestros aliados pertenece al sector solidario, entre cooperativas y fondos de empleados que han encontrado en nuestro esquema de garantías una forma de diversificar su portafolio, incluido el microcrédito, sin comprometer su capacidad de pago ni la de sus asociados.
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